miércoles, mayo 31, 2006

Capítulo 9

La respiración se le ha cortado, y las piernas se le aflojan. Desea correr, huir de allí, pero ni siquiera es capaz de cambiar de posición. Debiera girar y hacer frente a esa imagen, a ese rostro que sonríe macabro en la acera de enfrente, pero no puede. La puerta de la tienda se abre y sale una gruesa dama. Al ver a Simona dice:

–¿Oiga? ¿Le ocurre algo?

Simona no escucha, pero como si fuese un puente en un abismo, ve la puerta abierta y con temblorosos pasos se adentra en Le Monde Rose.

–Uf, loca –exclama la gorda con antipatía y se aleja dando pasitos cortos.

–Dígame –dice la vendedora, pero al no recibir respuesta insiste:

–Usted dirá… Señorita… –pero no obtiene respuesta alguna.

Simona, juntando todo su valor, gira en redondo y mira del otro lado de la calle, pero aquella mirada amarillenta que la había asaltado en la visión de la mañana ya se ha ido.

Capítulo 8

Al atardecer, cuando el cielo se torna de un anaranjado cálido, Simona aparece en la calle y bosteza. Antes de emprender la vuelta a casa decide dar un paseo que le afloje la tensión de tantas horas de escritorio. Su trabajo de telefonista no es complicado, pero suele ser más aburrido de lo que había creído. Más de una vez se propuso cambiar de empleo, pero comenzar la peregrinación por entrevistas, anuncios y colas, siempre se le antoja una tarea más irritante aun que su actual ocupación.

Se detiene ante un escaparate. “Le Monde Rose” reza el cartel de la tienda de ropas. Hay un sombrero rosado que la llama desde la vidriera, y ella nunca se decide a comprarlo. Piensa que no habrá ocasión de usarlo, y que su paga es insuficiente para la cantidad de horas que trabaja. ¿Por qué comprarlo entonces? se dice, pero no puede dejar de mirar.

De pronto, en el reflejo del vidrio ve una imagen que la petrifica.

Capítulo 7

–Mire Levi, no me venga ahora con historias que el trato lo cerramos hace mucho. Mientras usted haga bien su trabajo, la otra mitad la va a recibir al final –dice Gedeón entre dientes y lanzando una mirada asesina a su interlocutor–. Seamos discretos, por favor –agrega con cierta sorna y firmeza mientras en un rápido y diestro movimiento de sus largos y huesudos dedos arrebata el sobre y lo guarda en su bolsillo izquierdo.

–Ahora vayamos por orden: cuénteme todo lo que sepa, que a las fotos ya tendré tiempo de estudiarlas en privado... –y luego de titubear por un mínimo instante reclama utilizando nuevamente sus esqueléticos dedos, pero esta vez para enumerar– me imagino que en cada foto ha incluido la leyenda que le pedí: fecha, hora, lugar y nombres, ¿verdad? –Levi asiente levemente con la cabeza y una pesada caída de párpados, y así una ínfima sonrisa nerviosa se dibuja en la cara de Gedeón– ...Como ve, esto es muy fácil: usted cumple su parte y yo cumpliré la mía. Ahora, cuente.

martes, mayo 30, 2006

Capítulo 6

Son las 12.40 cuando Isaac se quita el sobretodo y se sienta a la mesa. Tiene una sonrisa extraña, ladeada hacia la derecha. Se pasa un pañuelo sucio sobre la frente sudorosa dejando los ralos y largos cabellos pegados a las sienes. Gedeón lo contempla silencioso, acaso preocupado por las novedades que éste pueda traerle.

–El sobretodo es un vicio de la profesión –confiesa Levi con voz carrasposa.

Gedeón hace un gesto para llamar al mozo, quien al cabo de un instante se acerca y anota el pedido.

–Se divierte bastante la nena –dice Levi mostrando los dientes marrones de nicotina. Saca un sobre del mismo tono de sus piezas dentales y lo deposita sobre la mesa. Antes de que Gedeón pueda hacerse con él, Levi le recuerda que aún le adeuda la mitad de sus honorarios.

lunes, mayo 29, 2006

Capítulo 5

Gedeón tiene marcado en su agenda un encuentro al mediodía con Isaac Levi. La hora del almuerzo es la mejor, porque cualquiera que lo vea acompañado puede pensar que es un compañero de trabajo. Espera que el Sr. Levi le informe hasta el más mínimo detalle cómo ha avanzado su investigación y que le provea las fotos que la última vez él mismo solicitó con inexplicable avidez. Cuando llegó esta mañana, lo remarcó con resaltador amarillo fosforescente tanto para llamar su atención antes de cerrar la agenda como para evitar que tan esperada cita esté toda la mañana perturbando su trabajo.

Capítulo 4

La calle está demasiado habitada, el rumor de la ciudad es como el ruido de una mar embravecida de gente y vehículos, pero es un sonido que no la calma como las olas del océano salado.

Simona apura su paso entre la gente y se sumerge en una boca del metro. Una vez dentro del transporte intenta distenderse con la lectura. De su bolso extrae un pequeño libro y lentamente se deja enredar por sus páginas. Simona ya no oye nada, sólo tiene ojos y mente para la historia que lee.

Al llegar a su destino desciende entre el tumulto de gente que va y viene. Va en pos de la escalera mecánica y sale a una plaza reinada por un sol deslumbrante.

Sentado en un banco, aferrado a un periódico gastado, alguien la observa.

viernes, mayo 26, 2006

Capítulo 3

Ahí está él. Sentado en su escritorio, detrás de sus anteojos, revisando libros, poniendo sellos, tomando apuntes, agendando fechas. Todo en su lugar, excepto un par de tazas con borra de café y un sobrecito de azúcar vacío, caído fuera del plato. El ventilador en su vaivén lo único que consigue es trocar cada centímetro de aire caliente por otro idénticamente viciado, a la vez que hace respirar a la pila de papeles que espera su inspección. La tinta de la almohadilla está a punto de extinguirse y Gedeón está algo inquieto porque hace varios días, cuando se hizo el pedido de reposición al proveedor, recibió la noticia de que el gremio de los tinteros sigue una medida de fuerza indefinida y ha dejado sin suministros a todo el sector. Para él esto es una tragedia, porque es uno de los pilares de su minucioso trabajo y los sellos no pueden estamparse a medias, y ahora debe moderar el uso del oscuro líquido, como si se tratara de un material precioso.

jueves, mayo 25, 2006

Capítulo 2

Una vez en la ducha se sintió mejor. El agua recorrió su cuerpo como un invasor, sin perdonar distrito alguno de su anatomía.

Simona se lavó con sus delicadas manos, buscando quitarse la pesadez del sueño, y no pudo evitar tocarse aquella profunda cicatriz en el muslo derecho. ¿Cuándo será el día en que el olvido venga a salvarme? pensó tristemente. Se tomó la cara entre las manos y deseó desaparecer. Presionó sus ojos hasta hallar el dolor, pero más que el sufrimiento físico, encontró otra cosa: la estremeció una imagen que vislumbró en el fosfeno. Pudo haber sido sólo eso, una ilusión producida por la fuerza ejercida sobre sus globos oculares, pero la sensación de que aquello era un rostro conocido, la sobresaltó. Sin saber exactamente por qué, a pesar de todo, sintió necesidad de estar con Gedeón.

Capítulo 1

El denso ambiente de la habitación la despertó antes de que el desapacible pitido del reloj anunciara las 6.10 h. Giró sobre sí misma en busca de la frescura de la sábana, pero sobre todo, se desplazó huyendo de la ardiente humedad que la asfixiaba. Se sintió como un reptil mal herido o embriagado de sudor.

Lentamente abrió los ojos y descubrió algunos puntitos de luz sobre la pared. La persiana ya no cerraba bien y dejaba entrar algunos rayos del sol matutino. Esas discretas pinceladas de día en el muro le recordaban su infancia, y en cierta forma la inducían a pensar en un tren. Se veía dentro de un vagón, a media luz, en un recuerdo casi fantasmal.

Sonó la horrenda alarma y Simona se levantó sin entusiasmo.